Hace un tiempo, hablando sobre la dictadura de Franco con un conocido, un italiano, surgió una de las eternas preguntas sobre el tema: ¿Por qué el dictador murió en la cama de un hospital mientras que Mussolini acabó fusilado y colgado por los pies en la Plaza de Loreto de Milán?

La comparación surge de forma natural: saludo romano, militarismo expansionista, control total de la sociedad, supuesto anticapitalismo, anticomunismo militante… Sin embargo nacieron, evolucionaron y finalizaron de forma muy diferente. 

Franco y su cuñado (el Cuñadísimo) junto a Mussolini. La Italia fascista y la Alemania nazi fueron una de las claves para el triunfo de Franco.
Fuente: elindependiente.comhttps://www.elindependiente.com/tendencias/historia/2019/04/21/conexion-mussolini-cerco-internacional-republica/
Franco y Serrano Suñer, su cuñado —el «Cuñadísimo»— junto a Mussolini. No se ocultaba la simpatías por la Italia fascista y la Alemania nazi, que habían sido una de las claves para el triunfo de Franco.
Fuente: elindependiente.com

Mussolini llegó mucho antes al poder, utilizando la fuerza del partido y a las propias instituciones políticas del país. La clave fue que nuestro amigo italiano se creyó demasiado listo: pretendió que Italia fuera una potencia de primer orden con firmes cimientos económicos, industriales y militares cuando, en realidad, cojeaba visiblemente de todos ellos. Se dejó arrastrar a una guerra que no podía ganar. Solo cuando la derrota era ya inevitable y el país fue invadido, parte de la población decidió unirse a los invasores y consiguieron eliminar al dictador. Pero todo hay que decirlo, fue capturado por unos comunistas por casualidad cuando huía, disfrazado de soldado raso, rumbo al norte.

En el caso español, la dictadura triunfó tras una cruenta guerra civil y se asentó después de una durísima postguerra. En mi opinión, uno de los secretos de su exitosa longevidad es que se trató de un régimen increíblemente camaleónico. Comenzó alineado con las potencias del Eje, pero en apenas 10 años pasó a ser un “leal” servidor de la mayor democracia occidental.

Comenzó siendo una autocracia militar en la que no estaba claro quién iba a tomar el mando. Franco fue “ese hombre” (aunque hay rumores de que le llamaban Miss Canarias por sus dudas y reticencias a la hora de unirse al Alzamiento). Poco tiempo pasó entre su elección y la creación del Movimiento Nacional que concentró a todas las fuerzas políticas en partido único. Falange perdió toda posibilidad de tomar el control político. Todo se basaba en un tradicionalismo muy español, apoyado firmemente por la Iglesia católica (no olvidemos que la guerra era una cruzada y que era Caudillo por la Gracia de Dios). Incluso mantuvo la ficción de llamar al país Reino de España.

La bandera roja y gualda de la monarquía, la boina roja carlista, la camisa azul con el yugo y las flechas de Falange, el pantalón y fajín militar. En 1937 firmó el Decreto de Unificación. Franco logró vaciar de contenido a todas las fuerzas políticas que le apoyaron. Franco fue "ese hombre" que se presentó como único líder político-militar.
Fuente: laguerracivil.es
La bandera roja y gualda de la monarquía, la boina roja carlista, la camisa azul con el yugo y las flechas de Falange, el pantalón y fajín militar. En 1937 firmó el Decreto de Unificación. Franco logró vaciar de contenido a todas las fuerzas políticas que le apoyaron. Franco fue «ese hombre» que se presentó como único líder político-militar.
Fuente: laguerracivil.es

Su gran activo fue que siempre ondeara la bandera del ferviente anticomunismo. Esto llevó a miles de voluntarios a luchar junto a la Alemania Nazi en el frente oriental, donde se envió a la División Azul. Mientras tanto, la nueva España, que trataba de levantarse cara al sol, permanecía oficialmente fuera de la Guerra. Y sí, aún había resistencia interna: los del monte, los maquis. Grupos de irreductibles e idealistas que aún confiaban en que las democracias, vencedoras del fascismo, apoyarían su lucha. Aquellos ingenuos fueron cayendo poco a poco. Francia, Inglaterra y los EEUU prefirieron al general bajito y con bigote.

Pero la presión externa comenzó a ser demasiado fuerte. La derrota del Eje les había dejado solos. El aislamiento hizo que el color de las escamas del camaleón fuera cambiando poco a poco. Los brazos dejaban de saludar al estilo romano, las camisas ya no eran azules ni se bordaba en rojo el yugo y las flechas.

Sin embargo, para mí, el secreto de su éxito fue el principio fundamental del régimen. “El centinela de Occidente”, como se llamaba a sí mismo el Generalísimo, Caudillo, mantenía inquebrantable su anticomunismo. Nos habían dejado fuera del Plan Marshall pero todo cambió con la Guerra Fría. Ahí estaba el Tío Sam para salpicar con algunos dólares a aquella España de los años 50: tan humilde, andrajosa y seca como fundamental en su geoestrategia. También aprovecharon para vendernos su armamento obsoleto, con lo que consumimos parte de aquel dinero. 

Franco junto a Eisenhower en Madrid, 1953. Se rompía el aislamiento internacional del régimen.
Los jefes de Estado, General. Dwight D. Eisenhower y el Generalísimo Franco, se encontraron en Madrid en 1953. Se rompió así definitivamente el aislamiento internacional de España, gracias a la Guerra Fría
Fuente: Laguerrafria.com

Las escamas continuaban cambiando, pero los ojos seguían mirando a todas partes y la lengua del camaleón no paraba de castigar a los revoltosos. Mientras nos abrían tímidamente las puertas de las instituciones de la ONU, los esclavos políticos seguían picando piedra en el Valle de los Caídos. Poco antes de que Eisenhower visitara Madrid, la universidad ya era un hervidero de protestas y el SEU y los grises se las veían canutas para pararlas. También los obreros se mostraban atrevidos, se declaró la huelga general a pesar del control férreo de los sindicatos verticales. Entre tanto, los maquis seguían dejando su sangre en los montes.

El reloj corría en su contra, pero las escamas seguían mutando para sobrevivir. Poco a poco el sistema se convirtió en algo llamado Democracia Orgánica. En los 60 comenzaba a abrirse la lata política y una tímida sociedad de consumo se abría paso.

Aún no lo sabíamos pero ¡menos mal que nuestro amigo era el Tío Sam! Si llegan a ser los soviéticos la cosa hubiera sido diametralmente opuesta (ya sabéis: Hungría en el 56, Checoslovaquia en el 68 y todo eso). En nuestros montes, aquellos maquis que luchaban desde hacía décadas, eran erradicados, desaparecían de nuestros montes como casi lo hacen los osos pardos.

Los años 70 fueron un tira y afloja entre aperturistas y “el búnker”, los intransigentes del régimen. Franco era un anciano que ya no daba para mucho más y había que decidir qué hacer. Cuando murió en 1975 parecía claro, aunque algunos se empeñaban en lo contrario: la apertura era imparable. Era el turno de la Transición. Pero mucho ojo, no nos engañemos, fue manejada por los mismos de siempre, algunos de los cuales aún siguieron en política muchos años, dejando herederos cómodamente sentados en sus tronos. Hubo tantos de ellos que hay quienes no tienen muy claro si la Transición terminó aquel 23F o aún sigue. Creo que el camaleón podría seguir cambiando de color indefinidamente.

Entonces es cuando me paro a pensar: ¿y si el aperturismo hubiese sido fruto de algo mucho más sencillo, más prosaico? ¿Y si estaba mucho más relacionado con la gente que pisaba las aceras y trabajaba los campos que con las alfombras de los palacios y los escritorios de los ministros?

Me pregunto: ¿toda esa apertura se debió a una evolución natural del régimen hacia la democracia? ¿fue por una inercia de unión con el resto de Europa Occidental? ¿O se debió a determinadas circunstancias que hicieron que el camaleón cambiase el color de sus escamas, pero no su esencia?

Pensad que la que conocemos como Guerra Civil, no es más que la última de un rosario interminable de conflictos y golpes de Estado que duró más de siglo y medio. Desde las guerras contra la Revolución Francesa y Napoleón hasta Ifni, incluso más allá… la Marcha Verde. Europa, América, África, Asia, incluso en algún islote perdido de Oceanía. En ese siglo y medio ¡solamente faltó luchar en la Antártida!

¡España llevaba tanto tiempo desangrándose! Y la gente había sufrido tanto en la última postguerra que, en mi opinión, solo ansiaban que les dejasen en paz de una vez. Pero sobre todo había miedo, un miedo atroz a que volviera a llenarse todo de sangre y destrucción.

Creo que la canción «libertad sin ira» de Jarcha lo deja muy claro: “[…] gente que tan solo quiere vivir su vida, sin más mentiras y en paz […]”

Histórica portada de La Revista. Las polémicas fotos de la agonía de Franco fueron publicadas por el rotativo en octubre de 1984.
Fuente: lanacion.com.ar
Histórica portada de La Revista, dirigida por Jaime Peñafiel. Las polémicas fotos de la agonía de Franco fueron publicadas por el semanario en octubre de 1984, nueve años después de su muerte. Las fotos fueron realizadas por Cristóbal Martínez-Bordiú, el yerno —el «Yernísimo»— de Franco.
Fuente: lanacion.com.ar

Quizá fue por eso, nada más y nada menos, que El Generalísimo, El Caudillo, El centinela de Occidente, murió en una cama de hospital un 20 de noviembre de 1975. Por cierto, exactamente 39 años después que José Antonio. ¡Qué casualidad!

Por el contrario, Italia no necesitó escamas de ningún tipo: había disfrutado del Plan Marshall, se había recuperado mucho antes y, para aquel noviembre del 75, su democracia era casi tan longeva como nuestra dictadura.

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Roberto Ruiz Rodiño

Licenciado en Historia, la Universidad de Cantabria es su alma mater. Con un pedacito de su corazón entre España, Italia, Irlanda y Polonia. Conversador y amante de las pequeñas y grandes historias. Apasionado de los viajes, la lectura, el cine, la escritura. Disfruta del rugby, la brisa marina, la buena mesa y la sobremesa. Verdiblanco hasta la médula, sufre con el Racing de Santander. Profesor de ELE, Historia y Cultura de España, guía turístico y traductor... Ahora, inmerso en una nueva reinvención, el destino le ha llevado a Bye Bye Viernes.

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