Lenny Bruce

Lenny Bruce y la revolución del stand-up en los Estados Unidos de los sesenta

La transformación de los años 60 y la sick comedy

De aquella época convulsa que fueron los años sesenta y setenta en Estados Unidos perdura el recuerdo de una profunda fractura generacional entre padres conservadores e hijos hippies; de los beatniks, de los Beatles, de Bob Dylan y de toda una generación de artistas antiestablishment que comenzó a cuestionar abiertamente a su gobierno y su participación en la guerra de Vietnam.

El arte del stand-up no fue ajeno a estas transformaciones y vio como los one-liners y espectáculos de variedades se fueron quedando atrás para dar paso a la sátira política, que ya no necesitaba la risa para ser efectiva. Gran parte de estos cambios sucederion en los campus universitarios, donde artistas como Mort Sahl (1927-2021) se fraguaron una carrera después de haber sido vetado en televisiones y salas por tratar temas controvertidos de la época – como la muerte de Kennedy.

Mort Sahl

La revista Time bautizó a esta nueva generación de cómicos stand-up que tenía como eje central de sus monólogos la inestable situación política estadounidense como sick comedy.

Verdadera persona

Los años sesenta y principios de los setenta fueron un momento excepcional en la cultura estadounidense. La sociedad empezaba a tomar conciencia de las sombras de su propio gobierno —impulsada por episodios como el escándalo Watergate — y el arte comenzó a alejarse de la evasión para mirar de frente a la realidad. Por un lado, aparecieron obras obsesionadas con las grietas de la sociedad americana, como Taxi Driver, Easy Rider o Todos los hombres del presidente; por otro, empezó a emerger una cultura cada vez más centrada en el yo, visible en novelas como Alguien voló sobre el nido del cuco de Ken Kesey o Myra Breckinridge de Gore Vidal.

Existía entonces un nuevo público en Estados Unidos al que no le interesaban cómicos que ejecutasen rutinas guionizadas o personajes estrafalarios. No querían ser empujados a evadirse de la actualidad como en antaño, sino que querían encontrar líderes que les ayudaran a comprender la situación política que estaban viviendo y, al mismo tiempo, entenderse a sí mismos.

Este nuevo público buscaba una mirada interior al stand-up y querían que su portador fuera no otro que la verdadera persona del cómico. Aquí uso el término que Eduardo Galán utiliza en su ensayo Morir de pie: la verdadera persona siendo «ese papel que interpreta la persona verdadera (el cómico) en lugar de un personaje teatral, producto de una ficción guionizada» (2024). Es decir, la audiencia quería ver al cómico tal y como es – por mucho que esa verdadera persona no fuera más que otra máscara o recurso por parte del artista.

Como señala Galán, la verdadera persona era la encarnación de aquello que ese nuevo público —sesentero, universitario, urbano, beat, hippie y de clase media— deseaba encontrar sobre el escenario (2024).

La audiencia ya no buscaba únicamente evasión o chistes mecánicos; quería acceder a la intimidad del artista. Es en ese contexto cuando comienzan a proliferar monólogos construidos a partir de experiencias aparentemente reales, confesiones y anécdotas verosímiles. El stand-up se transformó entonces en una especie de ventana desde la que el espectador podía asomarse al interior del otro sin ser visto.

Una de las consecuencias de esta transformación fue la desaparición progresiva de los dúos cómicos. El público ya no buscaba asistir a un intercambio de gags entre personajes, sino establecer una relación directa con el cómico. El stand-up dejó de ser únicamente una actuación para convertirse en una especie de confesión compartida: una persona exponiéndose sobre el escenario y una audiencia reconociéndose en esa exposición. Como escribe Galán, el cómico mostraba su individualidad mientras el público, desde las butacas, asociaba aquella intimidad con la suya propia (2024).

Pese a que hay varios cómicos que fueron representantes de esta nueva tendencia (Mort Sahl, Shelley Berman, Woody Allen) el tiempo ha puesto a Lenny Bruce (1925-1966) como figura canónica para entender esa transición del stand-up.

Bruce llevó más lejos que nadie aquella idea del cómico como “verdadera persona”

Lenny Bruce

Sin ayuda y en poco más de una década, Lenny realizó una revolución contracultural en el mundo de la comedia sin parangón. Él fue quien llevó más lejos aquella idea del cómico como “verdadera persona”: alguien que convertía su propia voz, sus obsesiones y sus contradicciones en el espectáculo mismo.

Aunque Bruce no siempre fue el más popular, el más exitoso ni siquiera el más divertido de su generación, dejó el legado más duradero1, gracias no solo a su material innovador y a menudo escandaloso, sino también a su muerte prematura y a las batallas legales que marcaron el triste acto final de su vida.

El historiador Steve Whitfield escribió que Bruce transformó el escenario en “un medio de expresión personal” y convirtió la comedia en una forma de explorar tanto la sociedad estadounidense como la naturaleza humana. Frente a los chistes mecánicos escritos por equipos de guionistas —el modelo que representaban figuras como Bob Hope—, Bruce parecía hablar desde un lugar mucho más imprevisible, íntimo y peligroso (Wohl, 2016)..

Los inicios del primer filósofo del stand-up

Con poco más de veinte años, intentando abrirse camino en pequeños clubes nocturnos de Nueva York, se apoyaba en la tradición de la comedia amplia de artistas como Jerry Lewis.

Bruce diría más tarde que en aquella época no conseguía demasiadas risas porque “el público sabía que era falso. No era yo”. Así que empezó a cambiar su estilo. Su comedia se volvió más libre y su material más arriesgado y provocador, lleno de lenguaje obsceno, chistes sexuales e incluso llamadas falsas a las esposas de hombres del público.

“Podía probar cualquier cosa”, dijo Bruce. “Cada noche, hacerlo, hacerlo, aburrirme y hacerlo de otra manera.”

El éxito de Mort Sahl, que acababa de irrumpir con un estilo improvisado y centrado en la actualidad, aceleró la transformación de Bruce, explica Robert Weide. “Cuando Lenny vio que se podía hacer algo tan diferente como cómico, se lanzó de lleno” (Wohl, 2016).

Actuando en clubes de la era beat en Nueva York y San Francisco, Bruce comenzó a hacerse un nombre. Su nuevo estilo podría describirse mejor con una expresión acuñada por Mel Brooks: filósofo del stand-up .

Problemas legales y caída

Sin embargo, no todo el mundo quería que les pincharan el ego. En 1961, durante una actuación en el Jazz Workshop de San Francisco, Bruce fue arrestado por primera vez por utilizar una palabra obscena.

Bruce sería detenido muchas veces más durante los siguientes cinco años. A veces lo arrestaban en una ciudad, viajaba a otra y lo volvían a arrestar allí. La situación llegó a tal punto que pidió al FBI que investigara una posible colusión entre policías y fiscales de distintas ciudades.

Lenny Bruce siendo arrestado

Bruce solo fue condenado una vez, por una actuación en 1964 en el Café au Go-Go de Greenwich Village. Todos los demás procesos fueron desestimados o anulados en apelación. Pero el daño ya estaba hecho.

Las persecuciones judiciales, diseñadas para arruinarlo profesionalmente, terminaron consiguiéndolo. Pocos propietarios de clubes querían contratarlo por miedo a perder su licencia de alcohol. Sus escasas apariciones televisivas desaparecieron por completo.

La defensa legal interminable lo llevó a la bancarrota. Obsesionado con sus juicios, empezó a llevar las transcripciones judiciales a sus espectáculos, señalando los errores y la hipocresía.

A medida que sus batallas legales crecían, Bruce perdió su filo cómico. Empezó a predicar más que a entretener.

“Siento no haber sido muy divertido”, dijo a un público de San Francisco, “pero verán, yo ya no soy un cómico. Soy Lenny Bruce.”

El 3 de agosto de 1966, Bruce murió por una sobredosis de morfina en el baño de su casa de Hollywood Hills (Wohl, 2016).

Superado por la revolución que lideró

Como señala Ronald Collins, “no es exagerado decir que el legado de Lenny Bruce fue convertir los clubes en zonas de libertad de expresión. Legalmente hablando, Bruce será recordado como el guardián perpetuo del derecho de los cómicos a decir lo que quieran”(Wohl, 2016).

Hoy, el lenguaje obsceno, la sexualidad explícita o los ataques a la religión forman parte habitual del stand-up. Gran parte de esa libertad nació en los escenarios y tribunales que persiguieron a Lenny Bruce durante los años sesenta. Más que cambiar el contenido de la comedia, Bruce cambió la figura del cómico: ya no era un entertainer protegido tras un personaje, sino alguien dispuesto a exponerse públicamente, incluso a costa de destruirse a sí mismo.

Paradójicamente, el tiempo también acabó suavizando su revolución. Ni sus rutinas ni su estilo suenan hoy tan afilados o modernos como hace sesenta años, lo que dificulta apreciar plenamente su genialidad.

Bruce influyó en una mezcla ecléctica de artistas e intelectuales, desde leyendas de la comedia como George Carlin o hasta al músico Keith Richards, quien dijo que lo primero que hizo cuando los Rolling Stones llegaron a Estados Unidos fue ir a una tienda de discos “y comprar todos los álbumes de Lenny Bruce que pude encontrar”, porque “a través de ellos podía acceder a los secretos de la cultura estadounidense”.

Su huella también puede rastrearse en una cultura obsesionada con la autenticidad, la confesión y la necesidad de convertir la intimidad en espectáculo2.

Meses antes de morir, la leyenda de la comedia Joan Rivers recordó una nota que Bruce le había enviado tras una actuación desastrosa:

“Tú tienes razón; ellos están equivocados.”

Contó que llevó aquel papel guardado dentro del sujetador durante años. Tiempo después, durante una entrevista televisiva, George Carlin escuchó la historia y respondió:

“A mí me envió la misma nota.”

Bibliografía

  • Galán, Eduardo (2024). Morir de pie. DEBATE.
  • Wohl, A. W. (2016). America’s first Stand-Up Philosopher | Brandeis Magazine. Brandeis Magazine. https://www.brandeis.edu/magazine/2016/summer/featured-stories/bruce.html
  1. El biopic de 1974 protagonizada por Dustin Hoffman «Lenny» ayudó a cimentar ese legado de forma póstuma. ↩︎
  2. Un ejemplo paradigmático es el especial de comedia Bo Burnham: Inside (2021) de Bo Burnham, donde el espectador tiene acceso al aislamiento del cómico durante la pandemia y como ésta afecta a su salud mental. ↩︎
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Marc Borillo García

Marc Borillo es un incansable viajero y apasionado por la escritura, creador del proyecto Bye Bye Viernes. Actualmente realiza la función de editor dentro de la web, además de redactar multitud de artículos sobre sus temáticas favoritas.
Puedes encontrar más info en marcborillo.com

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