Pedro Sánchez haciendo un discurso

Un mundo sin centro: El discurso de Sánchez en Pekín y la apuesta por un orden multipolar

En su intervención en la Tsinghua University, Pedro Sánchez articuló su discurso a partir de una idea central: la necesidad de cambiar la forma en que se entiende el mundo.

Para introducirla, recurrió a la figura de Matteo Ricci, el misionero que en el siglo XVI redibujó su mapa tras comprender que Europa no era el centro universal. El ejemplo no es anecdótico. Funciona como marco para una crítica más amplia: la persistencia de una mirada que sigue interpretando el orden global desde esquemas heredados.

Frente a eso, Sánchez planteó que el momento actual no responde a un relevo de hegemonías, sino a una transformación más profunda: la aparición de múltiples centros de poder, prosperidad y decisión. La multipolaridad, en su planteamiento, no es una hipótesis, sino una condición ya operativa que obliga a reorganizar las relaciones internacionales desde el realismo, el pragmatismo y —subrayó— también desde la esperanza.

Entre cooperación y competencia

Sobre esa base, el discurso avanzó hacia una propuesta concreta de relación entre Europa y China, alejada tanto de la confrontación como de la dependencia. La fórmula que planteó es explícita: cooperar donde sea posible, competir donde sea necesario y gestionar las diferencias cuando resulten inevitables.

El reconocimiento de desacuerdos —políticos, económicos, sistémicos— no desaparece, pero queda integrado dentro de una lógica más amplia: la de construir sobre lo común en lugar de profundizar en la división. En ese sentido, el discurso evita tanto el lenguaje de bloques como el de alineamientos automáticos, y sitúa la relación bilateral dentro de un marco más amplio de interdependencia global.

China aparece, en ese contexto, no solo como un socio económico, sino como un actor estructural en cuestiones como la transición energética, el desarrollo tecnológico o la reducción de la pobreza. De ahí la insistencia en que su papel será “esencial en el futuro del mundo”.

Tres condiciones para el orden multipolar

A partir de ese diagnóstico, Sánchez estructura su intervención en tres condiciones necesarias para que ese orden multipolar funcione.

La primera es el refuerzo del multilateralismo. Frente a la idea de su agotamiento, defiende su actualización: instituciones más representativas, más inclusivas y adaptadas a los equilibrios actuales. La multipolaridad, advierte, sin reglas comunes deriva en rivalidad, y la rivalidad en conflicto. De ahí la propuesta de reformar organismos como Naciones Unidas, reforzar la Asamblea General y avanzar hacia sistemas de decisión más democráticos, con mayor presencia del llamado sur global.

La segunda condición es el equilibrio económico. El nuevo orden no puede reproducir los desequilibrios del anterior. Sánchez señala directamente el déficit comercial con China como un problema estructural y plantea la necesidad de corregirlo mediante una mayor apertura y reciprocidad. La cuestión no es solo económica: vincula esos desequilibrios con el auge de tendencias aislacionistas y con el malestar social que generan.

La tercera es la responsabilidad compartida en la provisión de bienes públicos globales. Cambio climático, salud global, desigualdad, inteligencia artificial o seguridad internacional aparecen como ámbitos donde las grandes potencias —incluida China— deben asumir un papel activo. El argumento es directo: el peso global no es solo capacidad de influencia, también implica responsabilidad.

Europa en el nuevo mapa

En el tramo final, el discurso introduce una defensa explícita del papel de Europa. Frente a la tentación de percibirla como un actor en declive, Sánchez subraya su peso económico, comercial y social, y advierte de que sin una Europa cohesionada no puede haber estabilidad global.

No se trata tanto de una reivindicación identitaria como de una posición dentro del nuevo equilibrio: Europa como actor necesario en un sistema donde ya no hay centros únicos.

El cierre recupera la imagen inicial del mapa, pero desplazada hacia una idea más amplia: la necesidad de encontrar una forma más justa de mirar el mundo. No desde un centro, sino desde la coexistencia de múltiples perspectivas.

“No es un trasvase de hegemonías, es una multiplicación de polos”

Una síntesis que atraviesa todo el discurso: no estamos ante un cambio de poder, sino ante un cambio de estructura.

Link al discurso completo: https://youtu.be/yQJu_MI3ua0
Marc Borillo García

Marc Borillo es un incansable viajero y apasionado por la escritura, creador del proyecto Bye Bye Viernes. Actualmente realiza la función de editor dentro de la web, además de redactar multitud de artículos sobre sus temáticas favoritas.
Puedes encontrar más info en marcborillo.com

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