Impulso económico sin precedentes en Taiwán
En los últimos años, Taiwán ha atravesado un período de crecimiento económico extraordinario, principalmente gracias a su papel central en la producción mundial de chips avanzados para inteligencia artificial (IA). Las cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) son reveladoras: 4,3% en 2024, 8,7% en 2025 y una aceleración notable que alcanza 13,7% en el primer trimestre de 2026, la tasa más alta en casi cuatro décadas. Esta aceleración es especialmente llamativa si se considera que Taiwán es un país desarrollado con un PIB per cápita que la sitúa entre economías como España e Italia, según estimaciones recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI).
El motor de este auge es principalmente la fabricación de semiconductores. Taiwán concentra una posición dominante a través de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que produce más del 90% de los chips avanzados a nivel global. El vertiginoso aumento en la demanda de estos componentes, impulsado por la expansión de la IA, se ha traducido en un boom exportador con un crecimiento de las exportaciones cercano al 50% año contra año.
El fenómeno de la “enfermedad holandesa” invertida
La entrevista económica tradicional sugiere que un auge exportador tan vertiginoso debería generar una apreciación de la moneda nacional. El mecanismo clásico es que la compra masiva de exportaciones implica adquirir la divisa local, lo que eleva su valor y, a su vez, encarece otros bienes exportables del país, un fenómeno conocido como “enfermedad holandesa”. Sin embargo, Taiwán presenta un caso opuesto: su moneda, el dólar taiwanés, se ha depreciado aproximadamente un 10% frente al dólar estadounidense desde mediados de 2025, en paralelo con su expansión económica.
Esta depreciación es atípica y ha sido documentada también mediante índices como el Big Mac Index, que valora el grado de sobre o subvaloración cambiaria. Según esta métrica, el dólar taiwanés está cerca de un 55% infravalorado frente al dólar estadounidense, la mayor subvaluación registrada a nivel global.
Esta dinámica explica en gran medida el enorme superávit comercial de Taiwán, que supera el 25% del PIB. Mientras que en otros países el tipo de cambio ajusta el equilibrio entre exportaciones e importaciones, haciendo que la moneda se aprecie y modere el excedente, en Taiwán el debilitamiento de la moneda ha favorecido la competitividad internacional de sus exportaciones sin un aumento equiparable en las importaciones.
Detrás de la estrategia cambiaria y sus implicaciones
La causa estructural del fenómeno radica en una preferencia deliberada por parte de Taiwán —común a varias economías del Este asiático— por mantener su moneda débil para preservar la competitividad exportadora. Inicialmente, el banco central impulsaba esta política comprando divisas y acumulando reservas extranjeras, pero a partir de 2012, ante preocupaciones sobre posibles acusaciones de manipulación cambiaria por parte de Estados Unidos, recurrió a un mecanismo indirecto.
Esta estrategia involucró al sector de seguros de vida, muy desarrollado en Taiwán, para que fuera comprador neto de moneda extranjera, manteniendo débil el dólar taiwanés. Esta intermediación evita una apreciación abrupta, pero genera riesgos estructurales ya que los activos de las aseguradoras, denominados mayormente en moneda extranjera, se mantienen expuestos a fluctuaciones que pueden cuestionar su estabilidad financiera en caso de un fortalecimiento súbito del dólar taiwanés.
En un contexto más amplio, esta política responde también a la necesidad de Taiwán de asegurar su posición financiera frente a su delicada situación geopolítica y su alto nivel de dependencia de importaciones. La acumulación de reservas y la gestión cambiaria buscan sostener la confianza internacional y una plataforma económica estable en un entorno geopolítico complejo.
Un caso singular en la economía global
Taiwán ejemplifica un fenómeno contrapuesto a la clásica enfermedad holandesa, donde la bonanza exportadora no se traduce en una apreciación de la moneda, sino en su depreciación estratégica. Este fenómeno no solo revela la importancia de la política cambiaria como instrumento para potenciar sectores productivos clave, sino también las complejidades inherentes al equilibrio entre crecimiento económico y estabilidad financiera en economías altamente integradas globalmente y con riesgos geopolíticos sensibles.
Este escenario plantea preguntas respecto a cómo se mantendrá esta dinámica en el futuro próximo en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, evoluciones tecnológicas aceleradas y transformaciones en las cadenas globales de suministro.


