Fuente: https://conhecimentocientifico.r7.com/crise-dos-misseis-cuba/

Auge, declive y retorno del mundo bipolar

Cuando era niño, Europa aún vivía bajo la amenazadora sombra del comunismo. Un sistema económico y político casi desconocido pero que resultaba atractivo a gran parte de la población de la Europa occidental. Aunque todo era en realidad falso, en gran medida puro atrezzo (como resultaron muchos de los grandes misiles que desfilaban por la Plaza Roja), obligó durante décadas al capitalismo europeo a mostrar una cara amable, transformándose en algo llamado estado del bienestar. Los países nórdicos eran sus campeones. En ellos, a cambio de sustanciosos impuestos, Papá Estado era generoso con el ciudadano y todo funcionaba bien. Les seguía Alemania y Francia. El resto de la Europa occidental (Italia, España, Portugal, Grecia…) casi llegaron a tocarlo con la punta de los dedos.

¿Estamos volviendo al mundo bipolar con una nueva Guerra Fría o estamos en camino de algo mucho más peligroso? Solo el tiempo lo dirá
Los soviéticos conocían muy bien el valor de utilizar el miedo como arma. Eran unos maestros de la propaganda y utilizaron durante los años 60 falsos misiles en sus desfiles. Occidente cayó sistemáticamente en la trampa.
Fuente: es.russiaislove.com

Sin embargo, hay ya un porcentaje de población que solamente conoce esa confrontación entre el Comunismo de la URSS y el Capitalismo de los EEUU por el dominio mundial gracias a los libros, los documentales o por las historias que cuentan sus abuelos.

Fue el gran conflicto de la segunda mitad del siglo XX hasta que en 1991, de forma un tanto sorprendente y muy veloz, desapareció la URSS. Aquel mundo bipolar, de la noche a la mañana, se transformó en monopolar. De forma incontestable, los EEUU pasaron a ser la única superpotencia mundial. Esto les obligó a estar presente en todo el globo si querían mantener su nuevo estatus. Hay, como durante toda la historia, otros actores de peso (Rusia, India, Brasil…) pero ¿estamos viendo nacer un nuevo sistema bipolar?

Orígenes de un mundo dividido

Todo comenzó durante la Segunda Guerra Mundial. De nuevo dos bloques de potencias enfrentados. Mientras, en los EEUU, el presidente Franklin D. Roosevelt se vio obligado a comprometerse con la corriente política mayoritaria en el país, el aislacionismo, frente a la expansión de los estados autoritarios (Italia, Alemania y Japón). La gente no veía con buenos ojos involucrarse nuevamente en otro conflicto generalizado a nivel mundial, si estallaba.

Sin embargo, el enfrentamiento con Japón se veía venir. Se expandía sin freno a través de China y su derrota en la frontera con la URSS les había obligado a ir hacia el sur, hacia las colonias europeas. Buscaba las materias primas fundamentales de las que carecía y que disfrutaban las potencias coloniales europeas en el sudeste asiático. Británicos, franceses y neerlandeses fueron derrotados fácilmente en Hong Kong, Indochina, Indonesia, Singapur y Birmania, amenazando el Raj británico.

Japón se presentó entonces como la potencia asiática que liberaría al continente del yugo occidental. Una gran farsa puesto que resultarían quizá más opresores que los propios europeos, como ya habían comprobado coreanos y chinos. El paso siguiente y obvio era Filipinas, con lo que el choque con los EEUU. La guerra  se hizo inevitable y Japón dio el primer golpe. Roosevelt no tuvo otra opción. 

En Europa los americanos fueron un poco más despacio. Tardaron un poco más en intervenir. La rápida derrota francesa, los constantes descalabros soviéticos y la defensa a ultranza de los británicos no les hicieron darse excesiva prisa. No parecía su prioridad y no se decidió a entrar con verdadero ímpetu hasta que la URSS comenzó a contraatacar y amenazando claramente con ocupar toda Alemania y después ¿quizá llegar hasta los Pirineos y más allá? Una de las claves que hizo cambiar su actitud fue esa, la posibilidad de la caída de Alemania, el motor de Europa, en manos comunistas.

La guerra fría, el orden bipolar

Se veía claramente que el enorme apoyo económico y material que EEUU y Gran Bretaña daban a los soviéticos eran meramente coyunturales. Finalizada la guerra, finalizó también la alianza. Los soviéticos habían conquistado militarmente fácil y rápidamente los Balcanes y gran parte de Europa central y para 1946 ya lo dominaban todo políticamente. Pero Alemania era tan importante para los occidentales que prefirieron partirla antes que enfrentarse a la amenaza real de perderla toda. Este fue el germen de la división del mundo en dos bloques enfrentados.

El 23 de abril de 1945 las tropas soviéticas entraban en contacto y confraternizaban alegremente con la vanguardia americana a orillas del río Elba. El final de los nazis estaba tan cerca como el de la amistad entre los los EEUU y la URSS
Fuente: lasegundaguerra.com

Sin embargo, también renació la antigua idea del presidente Wilson de crear una institución que reuniera a todos los países del mundo para intentar solucionar los conflictos de forma dialogada. La herencia de la efímera e inoperante Sociedad de Naciones se plasmó en 1945, con la creación de las Naciones Unidas. Fue una iniciativa increíblemente positiva, aunque se ha demostrado en demasiadas ocasiones que sus decisiones son papel mojado. Además, ha estado claramente dominada por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, mediante el Consejo de Seguridad. En él hay miembros permanentes, con voz, voto y veto (EEUU, URSS, Francia, Gran Bretaña y China). Los derrotados (Alemania, Italia y Japón) no entrarían hasta los años 50, al igual que España, que mantenía el régimen filofascista.

Británicos y franceses ya pintaban muy poco, pero aún tardarían unos años en darse cuenta del cambio. Exactamente hasta que en 1956 intentaron evitar, con la colaboración insensata de Israel, la nacionalización del Canal de Suez por parte de Nasser. Es posible que fuera la única ocasión en la que, públicamente, la URSS y los EEUU trabajasen juntos en lograr unos objetivos comunes: demostrar que ellos eran los únicos que decidían en el nuevo orden mundial. Los imperios coloniales estaban acabados, ni los americanos ni los soviéticos estaban dispuestos a permitir su subsistencia.

El enfrentamiento era ya abierto a finales de los años 40. Los soviéticos consiguieron igualar a los americanos con su propia arma nuclear. El conflicto se escenificó durante décadas no en una guerra abierta sino en un rosario de conflictos, crisis, golpes de estado… Actuaron siempre en los márgenes de sus esferas de influencia: Asia, América, África e incluso Europa. La primera de todas fue la guerra civil en Grecia, luego, la que quizá fue la más importante: la guerra de Corea, donde ya se vio a China actuando de forma autónoma frente a Moscú, tratando de recuperar su puesto como potencia regional. Después vendría Indochina (Vietnam), las crisis de Berlín y Cuba…

Previendo todo esto, se tomaron dos decisiones trascendentales: el desarrollo del Plan Marshall para recuperar económicamente a Europa Occidental (1948) y la creación Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949). La OTAN, que aún existe, es un pacto defensivo que comenzó a reunir a los países de Europa Occidental, junto a EEUU y Canadá, para hacer frente al temido avance soviético.

Ante esto, la URSS firmó con sus estados aliados ese mismo año el COMECON (un tratado de ayuda mutua económica) y luego el Pacto de Varsovia (1955) frente a la OTAN. Churchill lo había visto claro en 1946 cuando anunció en un discurso que se había levantado un “telón de acero” que dividiría el mundo en dos partes.

Con la muerte de Stalin en 1953, llegaron los cambios en todos los aspectos en la URSS y en su relación con sus estados satélites. De la visión de un comunismo más nacionalista se volvió a la idea de expandir la revolución al resto del mundo. Incluso en algunos países, como Polonia, se permitió el desarrollo de vías nacionales. Aunque se marcaron límites claros como en Hungría (1956) y en Checoslovaquia (1968), donde los tanques aplastaron cualquier atisbo de autonomía. El socialismo de rostro humano proponía demasiada libertad y con el Muro de Berlín creían poder frenar lo irrefrenable, la entrada de ideas democratizadoras.

Al mismo tiempo, los EEUU continuaban su política intervencionista en Iberoamérica, patrocinando sin pudor golpes de estado y pequeñas guerras civiles. Decir que los gobiernos impuestos por ellos eran conservadores sería quedarse muy corto. Pero esto no era más que seguir con la tradicional Doctrina Monroe.

Como cada uno tenía su patio trasero, el campo de batalla político y geoestratégico que se estaba volviendo fundamental en esos años era Oriente Próximo, en especial Persia (la actual Irán). Esos lugares ya conocían de sobra la pugna entre británicos y rusos.

Mientras los dos bloques seguían su camino de consolidación, surgió un grupo de países que intentó buscar una vía alternativa que les permitiera acercarse a la neutralidad en la escena mundial.

Un intento de tercera vía: los no alineados

Esta polarización hizo que surgiera entre algunos países la idea de formar un bloque a parte que dependiera lo menos posible de las superpotencias, el de los países no alineados. Eran auténticos versos sueltos que buscaban la neutralidad. Tuvo un cierto éxito desde su fundación en 1955 hasta los años 80. La Yugoslavia de Tito (enfrentada al control férreo de la URSS), el Egipto de Nasser, la Indonesia de Sukarno, la India de Nehru fueron los que lo iniciaron y lograron reunir hasta 111 países.

Los grandes líderes de los no alineados (de izq. a der.) Nehru (India), Kwame Nkrumah (Ghana), Nasser (Egipto), Sukarno (Indonesia) y Tito (Yugoslavia).
Fuentes:newage bd.ne

Pero, no era oro todo lo que relucía. Hasta 1961 no se organizó la primera reunión (en Belgrado) y siempre hubo conflictos internos por la contraposición de intereses nacionales. El problema principal del movimiento era que dependía demasiado de la potente personalidad de sus líderes fundadores por lo que en el momento en que faltaron, todo comenzó a tambalearse.

La caída de la URSS y el nuevo orden mundial

Pero en los años 80 no fue este movimiento el único que sufrió un declive evidente e importante. La URSS daba una imagen de poder gracias a sus avances tecnológicos en la carrera espacial, donde incluso llegó a tomar la delantera. También eran impresionantes sus intervenciones militares (sobre todo en Afganistán) y sus desfiles en la Plaza Roja. La verdad era muy distinta, aunque en Occidente no nos enterábamos. Hacía mucho que la economía era un desastre: la colectivización había destrozado el campo, la industria era incapaz de competir con la occidental y la gente hacía colas kilométricas de personas esperando conseguir cualquier producto ante las puertas de tiendas vacías.

Gorbachov (Izq) y Reagan (der.) firmaron en 1987 el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio. Fue uno más de los muchos firmados entre potencias nucleares para tratar de limitar las armas nucleares cuyo número y potencia, sin embargo, no ha dejado de crecer. Toda esta parafernalia se ha confirmado como una pantomima.
Fuente: reddit.com

1985 fue un año clave: Mijaíl Gorbachov, plenamente consciente de todos estos problemas, llegó al poder con la idea de ir cambiando el sistema poco a poco. Impuso la Perestroika y su Glasnost, pero el cambio fue tan rápido que desequilibró totalmente el sistema. En 1989 se tomaron decisiones clave: se abandonó Afganistán, aquello era una sangría inútil; se dejó de controlar directamente a los gobiernos de los satélites y se fueron retirando las tropas allí estacionadas. El resultado fue la caída del Muro de Berlín y el resurgimiento de los nacionalismos internos en la URSS. Aquello Resultó demasiado para las élites del Partido que intentarían recuperar el control con un golpe de estado en Moscú de 1991. La independencia de todas las repúblicas soviéticas fuera de la Federación Rusa fue el resultado de todo esto. La Guerra Fría había terminado.

Lo que siguió para Rusia fue una década de caída a los infiernos. Gobernada por un líder débil y desprestigiado, que abrió las puertas del país de par en par al capitalismo más salvaje, dejándolo a los pies del Fondo Monetario Internacional. La sociedad y la economía cayeron en manos de oligarcas, que se hicieron a precio de saldo con las empresas nacionales más importantes. La mafia campaba a sus anchas por las calles. Hasta que un hombre con mano de hierro, empeñado en devolver a Rusia todo lo perdido, volvió al poder en el Kremlin en 1999: Vladimir Putin.

El Mundo había pasado de manera veloz y casi impredecible a ser un mundo monopolar. Pero de lo que tampoco éramos del todo conscientes era de que de una forma bastante silenciosa, China había ido creciendo y ya no era ese destartalado país donde todo se fabricaba con una calidad pésima a precios ínfimos. Desde principios del siglo XXI se había ido convirtiendo en la única alternativa militar, económica y tecnológica real al poder de los EEUU.

¿Retorno al mundo bipolar?

Es cierto que hay otros actores importantísimos como India, Rusia, Brasil… incluso la UE. Añadamos a esto que quizá estemos presenciando la lenta y dolorosa muerte de las Naciones Unidas y una alocada agresividad que muestra EEUU.

En abril de 2026 Pedro Sánchez realizaba su cuarto viaje a Pekín, lo que reafirma su postura como uno de los principales socios chinos en Europa.
Fuente: prensa-latina.cu

Sin embargo, el protagonismo de China cada vez es más visible con su iniciativa de la Franja y la Ruta. Ya no está presente solo Asia central, sino que su influencia se extiende por África, América del Sur e incluso en Europa (donde la España de Pedro Sánchez parece un socio destacado, a la vez que muestra abiertamente su rechazo ante la actitud agresiva de los EEUU). Se ha convertido en la única alternativa como rival sistémico real.

Todo esto podría indicar que, en efecto, estamos volviendo al mundo bipolar. Sin embargo, solo el tiempo dictará si volveremos a la Guerra Fría o estamos en camino de algo mucho más peligroso.

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Roberto Ruiz Rodiño

Licenciado en Historia, la Universidad de Cantabria es su alma mater. Con un pedacito de su corazón entre España, Italia, Irlanda y Polonia. Conversador y amante de las pequeñas y grandes historias. Apasionado de los viajes, la lectura, el cine, la escritura. Disfruta del rugby, la brisa marina, la buena mesa y la sobremesa. Verdiblanco hasta la médula, sufre con el Racing de Santander. Profesor de ELE, Historia y Cultura de España, guía turístico y traductor... Ahora, inmerso en una nueva reinvención, el destino le ha llevado a Bye Bye Viernes.

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