Por primera vez en los últimos meses tengo tiempo. Tiempo para leer, escribir, meditar, salir a correr. Y para no hacer absolutamente nada.

He dedicado los últimos meses a proyectos de voluntariado por alrededor de Europa, como aquel de Hungría del que os hablo en la serie Historia de un verano o el último de ellos en el que me he dedicado a reforestar las Alpujarras. Siempre había un destino después de cada proyecto, otro lugar al que ir, cosas que aprender y gente que conocer. Pero después de tantos sitios, personas y proyectos, necesitaba parar para poder apreciar verdareramente el impacto de estos últimos. No quiero que me pase como a Darwin, que sí, su aventura fue épica en el Beagle, pero tan extensa y fatigosa que después no quiso volver a navegar nunca más1.

1 "Odio y aborrezco el mar y a todos los barcos que lo navegan", le dijo en una carta a su hermana años después de su célebre odisea.
Foto tomada por mi amiga Anaïs en mi último proyecto

Me han dejado un apartamento para mí solo para todo enero. Un lugar en el que poder aislarme del ruido y, para ser sinceros, de la gente. Siento que he llegado a mis límites sociales, y eso que últimamente he estado rodeado de personas maravillosas. Lo cierto es que solo me apetece estar a mi bola, leyendo mucho, comiendo poco pero bien, haciendo deporte, meditando y escribiendo.

Necesito recargar pilas para lo que se viene, que no será poco. Tengo en mente un gran viaje sobre el que quiero escribir un libro: pretendo recorrer los países balcánicos que formaban la antigua Yugoslavia y dibujar un interesante retrato de estos estados, siendo mi viaje y mis vivencias el pegamento narrativo de sus contextos socioculturales, los cuáles me fascinan. Se tratará de un viaje de mochila y carretera, como aquel que hice en Bulgaria con tan solo 18 años y que lo cambió todo. Quiero reconectar con el espíritu viajero y con la aventura, que con tanto proyecto de la Unión Europea y comodidades, ha quedado un poco dormido. Quizá en parte es gracias a que hace nada leí Una vida posible de José Alejandro Alamuz, el cuál me ha recordado por qué empecé a viajar.

Antes, eso sí, necesito dinero para financiar esta aventura. No mucho, pues pretendo moverme haciendo autoestop, dormir en Couchsurfings o en casas de algunos amigos, y esos países son bastante baratos2 pero más que nada por ir con un buen presupuesto pues pretendo pasar varios meses por allí.

2 Bosnia y Hezerogovina y Macedonia del Norte ni siquiera tienen euro, lo que hace que en el cambio de divisas todo resulte aún más barato.

Para ello he encontrado trabajo en un hostal en el centro Edimburgo, donde estaré unos meses hasta que venga el buen tiempo. La primera vez que visité la capital escocesa siendo yo un estudiante de Northumbria de primer año me prometí que algún día viviría en aquella ciudad. Sienta genial poder cumplir promesas mientras me acerco a otras más grandes.

Ahora empero, toca parar este Enero, como ya vengo diciendo desde hace un tiempo. Ahora que tendré tiempo tengo ganas de darle caña a Bye Bye Viernes y volver a escribir más. Tengo una entrevista de lo más interesante ya grabada que solo me falta transcribir, además de series de artículos que acabar y de otras posibles ideas. Haciendo uso del argot popular podríamos afirmar que se vienen cositas.

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