Después de mi último proyecto en Croacia, pasé dos días en Zagreb y luego me encontré con una vieja amiga en Eslovenia, en un pequeño pueblo cerca de la frontera croata. Mi amiga ha construido una cabaña de madera de dos pisos, con la intención de convertirla en un Airbnb. Aún le faltan un par de retoques finales, pero ya es más que habitable, y además se encuentra en una zona rodeada por bellas montañas, granjas y parajes verdes. Es el paraíso. Me invitó a pasar el tiempo que quisiera en ella, pero ella se tenía que marchar para un seminario y no volvería hasta el 2 de julio, así que era probable que no la volviera a ver.

Después de dos meses de estar para arriba para abajo (¿dos meses? qué locura), me pareció una idea genial pasar una semanita solo, en un lugar tan precioso como el que os he descrito, que es desde donde escribo esto. Era la oportunidad perfecta para hacer las rutinas de entrenamiento que había pospuesto, para seguir avanzando con la obra de ficción que estoy escribiendo, para volver a meditar cada día, para ponerme al día con Bye Bye Viernes y para seguir aprendiendo italiano, entre otros. Ya véis que tengo muchos objetivos.

Me decía a mí mismo que si no había podido entrenar tanto como quería era por las exigencias físicas del previo proyecto, que si no había escrito o trabajado en Bye Bye Viernes era porque quería estar inmerso en el proyecto, y que si había pospuesto mi aprendizaje de gramática italiana era porque ya había otro voluntario con quién podía hablar y practicar en italiano. Parecen razones lícitas, y me convencí de ello. Pero no son más que excusas generadas por lo que Steven Pressfield conoce como La Resistencia.

La Resistencia siempre te dará razones convincentes para que no cumplas con tus objetivos. Sobrevive a base de verte procastinar y hará lo que sea para conseguir frustrar tus planes originales. ¿Cómo reconozco entonces a La Resistencia?. La manera de saber si La Resistencia está actuando en ti es analizar lo mucho que te cuesta empezar a realizar una tarea. Cuanto más te cueste, cuanto menos te apetezca, más debes hacerlo.

Una manera muy efectiva que tiene la Resistencia de engañarnos es creando objetivos imposibles que nos harán tirar la toalla. Mi caso es justamente este, ya que con lo impulsivo que soy en cuanto me vi en esta situación de total libertad me propuse cada día escribir tres horas, entrenar dos horas, meditar media hora, una hora de italiano, otra hora de Bye Bye Viernes… Todo con el objetivo de sentirme menos culpable con mis ausencias de las últimas dos semanas. Claramente se me fue la cabeza. A nadie le sorprenderá que no haya podido cumplir con todos mis objetivos y que haya acabado gran parte del día procastinando. No he faltado a mi cita diaria con el deporte (esa medallita sí que me la pondré), y sí, es cierto que cada día he escrito, pero no tanto como me gustaría.

En su libro «La guerra del Arte», del que me he inspirado para escribir este artículo, Steven Pressfield reconoce que hay dos tipos de personas en las artes, y ya puestos, en la vida. Los amateurs y los profesionales. Los amateurs realizan pasatiempos, los profesionales una vocación. Los amateurs son guerreros de fin de semana, los profesionales lo son los 7 días de la semana. Ser profesional, como lo entiende Pressfield, es una mentalidad arraigada en el compromiso. Y es curioso porque él conecta todo esto con el mundo de las artes y de la creatividad: da igual si lo que escribes es mejor o peor, si pintas fatal o si estás en baja condición física. Lo importante es estar ahí cada día. No hay vacaciones o días libres, porque ser profesional es un estilo de vida, una mentalidad.

Pero es que además, Pressfield, que es un tipo bastante religioso, cree que al realizar ese acto de constancia, somos bendecidos por las musas y los ángeles, dando paso a la creatividad. Aquí ya puedes creer más o menos, eso da igual, lo importante es el mensaje. Cita Pressfield a un reconocido autor que al ser preguntado si trabajaba por rutina o inspiración respondió: «Por inspiración. Por suerte llega cada mañana a las 9 en punto en cuanto me siento a escribir».

Estoy muy orgulloso porque en los últimos meses he conseguido crear ciertos hábitos que me han propiciado grandes resultados, como dejar el azúcar o entrenar con constancia. Sin embargo, cuando pospongo lavar los platos, hacer una llamada que sé que debería hacer o escribir tal capítulo, ahora veo que es mi mentalidad de amateur la que muchas veces está al mando. Parecen nimiedades, pero dicen mucho de una persona. Y joder, yo ya me he cansado de ser un amateur.

Como dice Pressfield, el profesional es paciente, y cree en el progreso continuado, aunque lo haga poco a poco. Rebajaré mis objetivos unos cuantos niveles, sobretodo ahora que estoy viajando, pero me aseguraré de cumplir con ellos, porque al final, eso es lo importante.

Al fin y al cabo, hay que estar agradecido con La Resistencia, pues es nuestra mayor guía. Aquello que nos genera más resistencia es aquello que más nos importa, y precisamente por ello debemos lanzarnos de cabeza a hacerlo.


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