Es obvio que para mí Bye Bye Viernes es mucho más que una revista digital. El papel que tiene éste portal web en mi vida es más de diario biográfico que de otra cosa, sobretodo en los últimos meses en los que he estado viajando y regularmente he ido publicando mis pensamientos. Siguiendo con esa línea que empecé hará cosa de casi tres meses en Siderno, hoy os pondré al día de mi viaje, pero de forma vaga y nada precisa, pues al final lo que me interesa es reflexionar de modo abstracto mi estado actual. A estas alturas no hace falta decir que estos artículos más que de viaje, son notas a pie de página del que está siendo el mejor capítulo de mi vida.

Heilbronn

Después de la semana en Eslovenia en la que estuve centrándome en el tema de la profesionalidad, hábitos y productividad, di un giro de 180 grados al visitar a un amigo mío en Heilbronn, en el sur de Alemania. Mi colega, el cuál estaba tremendamente ocupado por su trabajo y la universidad, me dejaba unas ventanas de libertad absoluta bastante grandes. Podría haber seguido con todos los hábitos que me había propuesto antes, pero decidí tomármelo con calma. Hice deporte cada día y escribí bastante, y lo cierto es que eso ya me pareció suficiente. No me sentí culpable por no conseguir todos los objetivos que una semana atras tenía. Quizá leer el último poemario de Rupi Kaur, «Home Body», tuvo algo que ver en mi cambio de paradigma. Recuerdo en específico el poema «Productivity Anxiety«, el cuál parecía estar dirigido a mí, diciéndome que solo por el hecho de estar respirando, sentado en una preciosa esplanada al lado del río Neckar y poder disfrutar de leer aquel libro con un rayo de sol en la cara, ya era suficiente. ¿Qué podía haber más productivo para el alma que ser feliz?

Hoy me compré un poemario

Soy el hombre más feliz
cuando me siento cerca del Neckar
rodeado de llorones sauces
que conmigo hacen contraste.

Leo a Rupi Kaur
y me siento afortunado
de encontrar las palabras justas
llenas de significado.

En media hora o así,
cojo y me levanto.
Vuelvo a casa de Pedro,
que para mí es como un hermano.

El tío sigue trabajando
en su oficio y su posgrado
apenas sale de su cuarto,
el pobre está aislado.

Por eso ya es costumbre
que cuando me encuentro viajando
me desvío a Alemania
para verle y recordarme:

“No te olvides de los pocos
que cuando te hundiste te salvaron.
Abrázalos cuando puedas
porque el tiempo es despiadado.

Dentro de poco puede que estemos
en realidades bien dispares
y echaré de menos a mi amigo
que siempre me echó una mano”

Freiburg y Konstanz

Después de una semana de tranquilidad con Pedro, en la que los únicos planes que él tenía tiempo para hacer conmigo debido a su apretada agenda eran ir al gimnasio y dar cortos paseos, me encontré con una amiga en Freiburg, donde su hermana nos alojó. Mi amiga y yo llevábamos meses sin apenas contacto y nos pusimos al día mientras paseamos por las calles de esta bonita ciudad de estudiantes. Le hablé de todos los cambios de planes que había realizado en mis últimos meses y ella me contó cómo las solicitudes de la universidad la estaban agobiando un poco. Quizá aquella era la ciudad donde se quería mudar para estudiar el año que viene. Nos bañamos en un lago y me llevó a comer el mejor kebab vegano que yo nunca haya probado.

El siguiente paso fue Konstanz, otra de sus opciones para las solicitudes. Una ciudad un tanto demasiado turística para mi gusto, aunque es innegable la belleza de la metrópolis. Cerca de la frontera con Suiza, Konstanz está rodeada por este enorme lago en el cuál todos los estudiantes se bañan en cuanto empieza el buen tiempo. Debo admitir que fue bastante increíble estar bañándonos y tomando una cerveza en el río que dividía la ciudad y que conectaba con el lago, rodeado de gente joven que hablaba, escuchaba música o tomaba algo. El sol nos calentaba las espaldas desnudas y nos hacía sentir inmortales, como si el tiempo se doblegara a nuestra merced. Aquellos atardeceres fueron los más largos de mi vida y lo digo en el mejor de los sentidos.

Por lo demás estos días se han caracterizado por la calma. Y es que, aunque pueda parecer contradictorio, por mucho que me encante viajar, aborrezco hacer turismo, o al menos la concepción convencional del mismo. Yo necesito ir a mi ritmo, sin prisas, sentándome de vez en cuando a mirar lo que tengo delante, sin pensar en deadlines o cosas que ver o hacer. Me alegró enormemente darme cuenta que mi amiga llevaba la misma filosofía como bandera, y que aquellos días apenas hicimos otra cosa además de pasear, bañarnos, conversar y, cuando se acercaba la noche, beber una cerveza o dos en algún garito con buena música.

El último paso

Todo esto para decir que ya se acerca el final de este viaje que hará cosa de tres meses empecé, sin saber entonces lo mucho que me cambiaría la vida. La confirmación de que esto es lo que me hace feliz, que cuando me toque afrontar el siguiente capítulo (aún por determinar, pero os mantendré al tanto) esté convencido de que joder, este es el estilo de vida que me completa.

Escribo esto desde una cafetería en Turín, esperando a un bus que me llevará a los Alpes, dónde haré una caminata de dos días con un amigo del proyecto de Croacia. Imagino que os contaré al respecto, pues el lugar al que vamos es espectacular.

Me despido con un pequeño poema y deseandoos un buen fin de semana.

Tiempo
Y cuando me quise dar cuenta
pasó una vida entera.

Marc out